
Texto Lesan Mora
Caricias con sabor a deseo
pueblan noches vacías,
uniendo mundos remotos
en el espacio, pero no
en las pasiones.
Pieles sedientas de manos
ávidas, de lenguas
vivarachas que abran
caminos ocultos en
cuerpos inexplorados.
Mentes cansadas por la cotidianidad,
huyen a lo onírico en busca de algo
distinto, que les llene con
caricias juguetonas, sobre
cuerpos anhelantes de la
lujuria más absoluta, del sexo
más puro; de aquello que no
hayan al golpearles la realidad
en la cara.
Temores ocultos, se cubren con
el velo de lo habitual para
esconder viejas heridas,
cicatrizadas en apariencia;
aunque esta solo sea
una quimera.
Haditas del destino, traviesas,
juegan sus bazas, colocando en sus
caminos escollos, que les hacen
tropezar, rodar por caminos
intrincados que no les pertenecen;
llenando sus horas de ausencias
acidas, que hieren, ocultándoles
de aquello que un día fueron.
Utopías de sueños nuevos
crecen atándolos a un
erotismo exacerbado,
poblando sus noches de lascivas
fantasías , que calienta sus….. hasta
que la frontera entre el
deseo y el placer se desdibuje;
hasta que el faro del albur,
les índice la ruta hacia su
ansiado encuentro.
Hasta que una llamada en
la noche lance hacia la aventura
definitiva.
¿Dónde les llevará esta vez?.
Hasta ellos lo desconocen.
Si bien ansían descubrirlo.
10.9.09
13.5.09

Lo primero fue una renovación total de su vestuario. Tiró a la basura todos aquellos trajes recatados y anticuados que poblaban su armario y los sustituyó por algo más actual. Lo segundo fue mudarse a su piso y dejar la casa paterna: “Si estoy pagando una hipoteca, mejor será que lo disfrute”, y por último limpió su vida de gente clásica que solo traía negatividad a su existencia. Algo complicado si remarcamos el que hasta entonces ese había sido su universo completo, por lo que tuvo que ponerle todas las ganas, la cabezonería y la fuerza de la que había hecho gala siempre…. Y que nunca había sacado a relucir.Aunque eso significara que la soledad fuera una compañera común que le visitaba con frecuencia.En cuanto al otro protagonista de esta historia, he de señalar que si buscamos, no encontramos alguien más opuesto en el universo. Miguel era el típico triunfador del siglo XXI: Publicista de profesión, con agencia propia, alto, un metro ochenta, con un cuerpo castigado en el gimnasio, que acostumbraba a vestir con trajes de las marcas más caras, un coche exclusivo, por lo que no tenía ningún problema a la hora de buscar con quien compartir su vida. Sorry, ¿he dicho vida?, querría decir cama.Como veis no podía haber dos personas más antagónicas en el planeta, y en circunstancias normales sus caminos no se hubieran conocido. Si bien Internet hizo que sus vidas se cruzaran con resultados insospechadas para ambos:Todo empezó en una de tantas páginas de contactos que existen en la net. No voy a decir su nombre, primero porque no soy fan de darle publicidad, y segundo porque sería inútil. Todas tienen la misma intención: Que la gente se apunte para chatear, mandarse mails, etc.…, y los más atrevidos para contactar en la vida real. Y fue así cómo ello entablaron relación.Tras la transformación que su vida había sufrido, Alma se dio cuenta de que estaba muy sola. Más de lo que jamás se le hubiera pasado por la cabeza, por lo que creyó que tal vez…, si se ponía en casa una línea ADSL estaría más entretenida…— Y hasta cierto punto cumplió su misión—. Entretenida estaba; sin embargo también mucho más aislada. Lo cual en su situación no sé si era más recomendable. Pero bueno, al menos la falta de contacto físico no le hico perder su sentido común a la hora de enfrentar el mundo. Y entendía a la perfección como diferenciar lo que era la vida en Internet y la suya en el mundo real.Por mucho que el destino, con su caprichoso juego, barajó las cartas para que una noche de soledad e insomnio Miguel se fijara en el perfil de Alma. Algo extraño, ya que ella no tenía nada de lo que le gustaba en una mujer: Su físico era más o menos normalito, sin nada sobresaliente que señalar, — lo que en su argot significaba que no entraba en el club de más de cien de talla de sujetador—, una mirada inteligente y estaba claro que tenía una cabeza bien amueblada… Por lo que no estaba muy claro lo que le impulsó a mandarle el primer mail. Y más si hacemos la siguiente puntualización: Lo que él buscaba en esas páginas eran o tías buenas que lucir en las fiestas a las que acudía por motivos laborales o sexo fácil, y estaba claro que ella no era ninguna de las dos cosas.Sin embargo lo hizo.A Alma le chocó tanto leerlo cómo a él escribirlo. No entendía a santo de que venía todo esto. Estaba claro que él no buscaba hacer amigos, y así se lo dijo cuando la contesto. De hecho no utilizó las mejores formas del mundo al hacerlo: Tal vez por eso comenzó su relación; para él era todo un reto. Y no es que no le hubieran dado calabazas otras mujeres, pero está en especial se lo ponía tan difícil que le pico.Miguel era sevillano de nombre y catalán de adopción, ya que llevaba viviendo en Barcelona desde los diez y ocho años. Así que en tres horas escasas se plantaba en Valencia, el hogar de Alma; — por lo que trató de buscarse una excusa que le hiciera bajar sin despertar sospecha.Y cómo quien sigue la consigue, a la postre logró un cliente en la capital del Turia, que le diera aquello que llevaba buscando desde hacía meses… Así que ahora solo quedaba lanzar al aire el Ya que voy a estar en Valencia durante unos días, ¿por qué no quedamos para vernos en persona?. Lo que puso a Alma los pelos como escarpias, —vamos, tratando de ser lo más educada posible—; y es que a ella le encantaba chatear con él, hablar por teléfono, mandarse sms, ahora, verlo era harina de otro costal…. Quizás estaba jugando demasiada cerca del fuego y no había necesidad para ello.Sin embargo la naturaleza es débil, y si te ponen un postre delante cuando estas a dieta, es muy difícil dejarlo en la vitrina. Y Miguel, para Alma era cómo el más puro de los chocolates para un adicto al dulce; así que al final acordaron comer juntos el día que él llegara:— ¿Y por qué no una cena?—Le preguntó.—Por qué de noche todos los gatos son pardos, y prefiero tener el sol de mi parte. No me fió de ti. —Sentenció de una forma tan categórica que no hubo lugar para la apelación.Acaso eso era lo que tanto le gustaba de Alma; que siempre iba con la verdad por delante sin facilitarle el camino. Conocía cómo era físicamente por que había visto su foto y habían hablado a través de cámara Web; pero jamás le había permitido que la contemplara desnuda, ni había caído en la trampa del ciber —sexo.Ahí es donde radicaba de verdad la diferencia.La noticia del viaje puso los nervios de punta a Alma; tanto es así que los que la rodeaban empezaron a hacerse preguntas del tipo de vida que llevaba desde que había decidido dar a su vida el tan nombrado giro de 180 grados. Aún así no les dio tiempo a inmiscuirse, — mejor dicho—, ella no les dio pié a que se metieran por medio.Alma no tenía un físico espectacular: Medía un metro setenta, tenía el cabello castaño y los ojos negros, cómo millones de españolas que caminan a diario por sus calles. Sin embargo, tenía sus pequeños truquitos de belleza, para las grandes ocasiones. Y la comida con Miguel era una de las mejores que se le había planteado en meses: Se compró un favorecedor vestido rojo, unas sandalias de tacón de aguja, y fue al salón de belleza para peinarse y maquillarse para la ocasión. Vamos, lo que se mal llama un arreglo completo de chapa y pintura.Eso sin contar con que los nervios hicieron que el estómago se le cerrara y solo le admitieran unos cuantos cientos de litros de tila en las horas previas. Incluso, el día de la cita, conforme se dirigía al restaurante, le temblaban tanto las rodillas que pensó que si continuaba así no alcanzaría a su destino:—¡Vamos Alma!.— Se auto recriminaba a cada paso.— ¡Eres una mujer hecha y derecha!.¡Seguro que te enfrentas esto y más!.Lo que ni se le hubiera pasado por la cabeza, es que cuanto más se acercaba a Miguel, más se acercaba a la última etapa; a la que faltaba para completar el circulo de su recien estrenada vida
11.2.09
En los años ochenta el lugar al que se había de acudir si se querría ligar, eran las discotecas, los bares, y demás mientras que ahora en pleno siglo XXI, es Internet el que muchos de nosotros utilizamos cuando deseamos hacer nuevas conquistas. Un sitio cómodo y seguro en el que refugiados tras la pantalla de nuestro ordenador desplegamos todas nuestras artes de seducción sin exponernos a los peligros de un ligue en directo.
Supongo que en ello también influye el universo en que habitamos, y la sociedad que hemos construido a nuestro para él, en la que la competitividad, la brutal lucha por alcanzar lo más alto es tan brutal que aniquila a muchos por el camino. Un mundo donde la importancia de la imagen ocupa un lugar primordial en nuestro acontecer cotidiano. Por ello Internet se ha convertido en el territorio ideal para dar rienda suelta a fantasías y poder de atracción, sin que el aspecto sea una traba.
Sin embargo corremos el riesgo de olvidar que hay una diferencia enorme entre la vida en Internet, y la vida real, sino lo tenemos en cuenta, cometemos el error de pegarnos la trompada más gigantesco del mundo. Vamos a ver, si señalo que en la red se miente, no creo nadie se escandalice, porque es moneda más común aceptada por más de uno. Me temo que cómo en todo, depende de cómo y para que lo utilices, y sobre todo cómo tengas la cabeza amueblada, para discernir una cosa de la otra.
Pero bueno, me estoy enrollando y ese no es mi propósito; comencé este relato con el propósito de contar una historia de incitación, de dos seres que se conocieron a través de Internet y su manera de entender la vida y el sexo dio un giro de ciento ochenta grados.
Todo empezó hace más o menos un año, cuando Alma, fue al que se iba a convertir en su hogar para llevar unas sabanas que había comprado y descubrió que su prometido, el hombre con el que pensaba pasar el resto de su existencia —y al que había sido absolutamente fiel—, en la cama con otra. Y lo peor fue que él, al tratar de justificarse, dijo: “ lo hago por ti cariño, para que nuestra vida sexual después de la boda sea la mejor”.
Aquello la descoloco.
Y es que antes de de proseguir no estaría mal aclarar unas cuantas cosas: Alma venía de una familia tremendamente anticuada, de aquellas que ya no existe, —o mejor dicho, de aquellas que creemos que ya no existen—. Donde la pureza de las mujeres y todos esos arcaicos valores de nuestros ancestros continuaban tan vigentes cómo en la adolescencia de nuestros padres. Por esto Alma ni se lo planteó, solo dio por sentado que debía llegar virgen al matrimonio, o que el primer chico que le pidió una cita sería su gran amor, aquel con el compartiría el resto de sus días.. Por eso espero con abnegación, a que su día llegara. Ni se planteo que hubiera otra salida. Pero al descubrir que la engañaba, todo le explotó en la cara.
Sus amigas la animaron a que diera un giro de ciento ochenta grados a su vida y se adaptara a los tiempos actuales. Aunque su novio se arrastrara ante ella pidiendo su perdón y rogándole que guardara el secreto de lo sucedido frente a sus respectivas familias. Sus suegros, —como es natural—, abogaron por su hijo, y le aconsejaron que siguiera adelante con la boda. Mientras sus padres dudaban a que carta quedarse: Por un lado estaban furibundos con su prometido por lo que había hecho, pero tras más de cuarenta años de matrimonio eran conscientes de que las relaciones pasan por más de un baches. A lo mejor porque estaban asustados, ya que como toda pareja mayor de ideas un tanto descatalogadas, el que su hija estuviera casada significaba una tranquilidad para ellos; por la que si rompía el compromiso, todo quedaba en el aire. Lo que no se percataban es que aquello no ayudaba en absoluto a su hija, ya que la colocaba bajo una mayor presión; era cómo si millones de personas tiraran de ella, tratando de llevarla a su terreno y ninguna de ellas le preguntara.
Hasta que a la postre hizo lo que le dictaba su conciencia sin escuchar a su entorno: Cancelar los preparativos que había hecho para la boda, le compró a su prometido la parte del piso que habían comprado juntos y tras pedirle una nueva oportunidad, le dio un ultimátum a ese tipo con el que había compartido demasiado tiempo:
Si quieres que sigamos juntos, tendrás que cumplir mis normas. Y te advierto, no son negociables.
1.-No nos casaremos. Ni ahora, ni dentro de cien años, a lo más que llegaremos es a vivir juntos en MI piso; eso sí, siempre y cuando te portes bien.
2.-No me jures fidelidad eterna, porque no te creo y nunca lo haré. Esta no es la primera vez que me pones los cuernos y lo sabes tan bien cómo yo. Así que si te sale una oportunidad aprovéchala, que yo también lo haré.
3.-Y esto si que no admite ninguno tipo de negociación. Me acostare contigo aquí AHORA. Si eres tan bueno en la cama cómo vas predicando por ahí, he de comprobarlo por mí misma.
4.- Ni piense que vas a llevar los pantalones. Desde este momento en adelante, no tienes ni voz ni voto en mi vida. Puedes darme un consejo, ahora será solo eso, un consejo.
Supongo que tales palabras no daban espacio para casi nada, así que hizo lo único que esa clase de hombre podía hacer: dar la espantada por respuesta. Alma jamás tuvo noticias de él: “Mejor así”, —se repitió hasta la saciedad tratando de convencerse—, y trató de recomponer su vida en consecuencia.

